HABLA AMIGO Y ENTRA
El pequeño Florentino tenía todas las papeletas, no para llevarse el gordo de Navidad, sino para acabar atropellado o literalmente muerto de hambre y frío en el Cerro de los Angeles. Allí, contra todo pronóstico, tuvo la suerte de que le encontrase y de que, pese a ser inmunodeficiente, Miguel y Encarni lo acogieran en su familia. Una bolita de pelo blanco y naranja rebosante de juego, curiosidad y confianza hacia el ser humano, que había sido abandonado a un futuro muy negro, y que ha sido mi premio en el sorteo de este año. Ojalá algún día, algún año, pueda ver como este país evoluciona hasta el extremo de no tener que hacer un esfuerzo todos los días por olvidar que hay miles de florentinos, miles de troyas, que no tienen ni mucho menos tanta suerte. Eso es lo que yo le pido a los Reyes.
Todos tenemos nuestra galería de monstruos particular. Muchas veces ocupada por seres que nos desagradan a un nivel animal, fuera de toda justificación lógica. La reina nacional de mi santoral de los horrores es, sin duda alguna, Marina Castaño. Ayer la vi en un programa de zapping dormitando, aguantando sin babear a duras penas, ante los príncipes de Asturias y la Real Academia en pleno. ¡Qué gusto me dio ver semejante desliz social en la 'glamourosa' viuda-periodista! No me duele ser mezquina con semejante ser. Aunque debo reconocerle el mérito de haberme hecho reir lo indecible con sus viejas columnas 'Vuelo sin motor' publicadas en el ABC, plagadas de ataques a la razón, a la gramática (tengo la íntima conviccion de que su corrector la odiaba. Juro por mi honor que apareció publicado 'promenientes' ), a la lógica, al periodismo e incluso a la zoología. Adjunto una que se publicó el 3 de mayo de 1997, sobre un tema que ahora vuelve a estar en el candelero.