Como si el cine fuera ya poco caro
Estamos listos. Según asegura El Mundo, nuestra flamante ministra de cultura pretende imponer subir los precios del cine extranjero (sobre todo estadounidense) doblado al español, y emplear ese dinero para impulsar el cine español. "El dinero que se recaudara con este impuesto se destinaría al Fondo de Fomento cinematográfico, organismo del que dependen los rodajes que se ponen en marcha cada año. El objetivo es pasar de los actuales 35 millones de euros a los 150 millones que han reclamado varios destacados productores". Pretenden que el 19% que tiene actualmente el cine nacional se acerque al 41% de los franceses.
Acabáramos. Así que para lograr que la gente vea más cine español la solución es crear una suerte de impuesto sobre el doblaje y fomentar un fenómeno muy propio del cine patrio: vivir de las subvenciones. A un gran porcentaje de productores les da lo mismo que sus películas se vean. Si la gente va, mejor, más dinero que sacan, pero si no van no pasa nada por que no van a perder dinero gracias a las generosas arcas del Estado. Lo único que va a conseguir la señora Carmen Calvo es que la gente opte más por el top manta o por el videoclub. Eso sin contar que como el cine es cultura, para que más gente pueda acceder a él lo que hay que hacer es elevar su precio y convertirlo casi en un artículo de lujo. ¿A qué no se atreven a fomentar la lectura de la misma manera? Elevando el precio de los libros para crear un fondo con el que financiar nuevas obras, de las que el 90% serán infumables.
La solución pasa por crear más películas que interesen al público, y no mediocridades, copias de películas yanquis (el pujante género de terror adolescente español es que da risa) o proyectos culturetas y experimentales que puede que sean buenos pero que jamás serán taquillazos (y los que las hacen lo saben). Pero sobre todo, lo que hay que hacer es controlar el canal de distribución. La mayoría de las salas de proyección españolas están en manos de las grandes majors, que obligan a programar prescindibles películas yanquis a cambio de contar con grandes estrenos, lo que hace que muchas veces se retiren películas españolas que cuentan con suficientes espectadores como para mantenerse algo más de tiempo.
Confío en que acaben echándose atrás con esta iniciativa, como ya ha sucedido en tantas otras cosas en apenas tres meses (la ministra de vivienda es experta en desdecirse). Y espero que no lo hagan en otras materias, por mucho que ZP quiera congraciarse con el vaticano.
Ya está decidido y reservado, estas vacaciones nos iremos quince días a
Detectives de Microsoft que se hacen pasar por clientes visitan las tiendas de informática en busca de Windows piratas
Ya sabemos dónde han ido parte de los votantes de IU, que se ha pegado un descalabro monumental en las últimas elecciones, como todos sabemos a estas alturas de la película: España cuenta con un nuevo y pujante partido político. Yo vi la papeleta al ir a votar, situada al final de la fila, y a punto estuve de traérmela de recuerdo. Se trata del
Cuando comencé a trabajar en Canal Satélite, allá por 1997, llevamos a cabo una truculenta porra. Consistía sencillamente en acertar quién pasaría antes a mejor vida: Ronald Reagan, Boris Yeltsin o Juan Pablo II. Por entonces los dos primeros tenían bastante más protagonismo que ahora. Recuerdo que yo aposté por el camarada Yeltsin, de lo que no consigo acordarme es de quien habría ganado ahora que ya sabemos que el primero en descansar de una vez (como ha dicho su viuda Nancy) ha sido el pobre Reagan.
Como no es ni muy buena ni muy mala, aunque sí pretenciosa y decepcionante, no tendría que haber crítica, pero no me puedo contener a apuntar algunas cosas como que:

