Una perrita aún sin nombre, me está esperando ya en el refugio de ANAA. Una mil leches, chucha hija de chuchos a la que resulta imposible encontrar semejanza con ninguna raza, pero que tiene los mismos ojos castaños y despiertos suplicantes de mimos que Mina. Pintada con todos los colores perrunos, y además atigrada, es sólo un poco más pequeñaja que mi preciosa niña, aunque aún le quedan por ganar al menos dos o tres kilitos. La primera vez que paré ante su jaula y metí la mano para acariciarla, dejó caer todo el peso de su cabeza sobre mi palma. Cuando ya había decidido que me acompañaría el próximo sábado a casa y entré a despedirme se quedó dormida, roncando, mientras la acariciaba. Había perros más guapos, más zalameros y más juguetones, pero estoy convencida de que esta perrita aún por bautizar y yo sabremos querernos bien. Hoy aún me cuesta pensar en ella como "mi perra", pero seguro que pronto se habrá ganado el posesivo.
25/04/2004
Una perrita aún sin nombre, me está esperando ya en el refugio de ANAA. Una mil leches, chucha hija de chuchos a la que resulta imposible encontrar semejanza con ninguna raza, pero que tiene los mismos ojos castaños y despiertos suplicantes de mimos que Mina. Pintada con todos los colores perrunos, y además atigrada, es sólo un poco más pequeñaja que mi preciosa niña, aunque aún le quedan por ganar al menos dos o tres kilitos. La primera vez que paré ante su jaula y metí la mano para acariciarla, dejó caer todo el peso de su cabeza sobre mi palma. Cuando ya había decidido que me acompañaría el próximo sábado a casa y entré a despedirme se quedó dormida, roncando, mientras la acariciaba. Había perros más guapos, más zalameros y más juguetones, pero estoy convencida de que esta perrita aún por bautizar y yo sabremos querernos bien. Hoy aún me cuesta pensar en ella como "mi perra", pero seguro que pronto se habrá ganado el posesivo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada